El efecto placebo y nuestra salud

Hace pocos días desde BiobioChile.cl me preguntaron mi impresión respecto a la efectividad y seguridad de las Flores de Bach. ¿Mi respuesta? Son un excelente placebo. ¿Cómo es eso entonces, sirven o no?

Los estudios para evaluar la respuesta de un tratamiento clásicamente se diseñan comparando un tratamiento al placebo, esto es, una sustancia sin efectos farmacológicos, pero que el paciente cree que es efectivo. Por supuesto, una barrera importante para un nuevo tratamiento es ser superior al placebo. Y como veremos, ser superior al placebo es más complejo que ser superior a ninguna terapia.

En algunas áreas terapéuticas esta barrera es particularmente compleja. Por ejemplo, en el síndrome de intestino irritable o “colon irritable”, la efectividad del placebo es muy alta, cercana al 50% (Lu et al, 2011). Esto es, un gran porcentaje del efecto positivo de un tratamiento puede no explicarse por su efecto farmacológico, sino que por otros mecanismos.

La historia de la medicina ha estado ligada al efecto del placebo, con efectos asociados al placebo en áreas no sólo ligadas a la esfera de síntomas “funcionales” (como el sindrome de intestino irritable ya mencionado, cefalea tensional, fibromialgia, entre otras), sino que también a problemas quirúrgicos o intervencionales, como por ejemplo observar mejoras en pacientes con arritmias a quienes se les implantó un marcapasos.. ¡apagado! (Požgain et al, 2014)
Existe por otro lado el efecto nocebo, en que una sustancia sin efectos médicos puede empeorar la salud de una persona, en base a las creencias y expectativas del paciente.

Así como sabemos que existe el efecto placebo, no tenemos claridad absoluta respecto al por qué se produce. Existen por supuesto explicaciones desde esferas psicológicas y neurobiológicas, y claramente el mecanismo de acción no es simple. Posibles efectos se hallan en áreas relacionadas a los neurotransmisores asociados al sentirse bien (endorfinas, dopamina), mayor actividad en regiones cerebrales asociadas a reacciones emocionales, y la propia conciencia de vivir un proceso ritual de tratamiento.

¿Habrá una diferencia entonces entre un contacto médico-paciente en que existió empatía, contacto visual, espacio para explicar los motivos de consulta, se realizó un examen físico adecuado, se explicó diagnóstico y se discutieron pasos a seguir y opciones de tratamiento con claridad, versus una consulta de 5 minutos que termine con una entrega de un papel ilegible y el tratante indicando “tome esto”? ¡Por supuesto que sí!

Una relación médico paciente positiva hace bien, nos sentimos mejor ya saliendo del box ¿a quién no le ha pasado eso? ¿no nos sentimos incluso más enfermos después de esa consulta de 5 minutos en que nos enojamos con el tratante? ahí tenemos el placebo y el nocebo en acción!

Si volvemos a las terapias complementarias, algo que debemos aprender como comunidad médica es volver a considerar la importancia del ritual. Mucha de la eficacia de dichas terapias posiblemente se deba al placebo (y como he mencionado hasta aquí, ¡ello no es nada de malo!) y ello se relaciona a su capacidad para generar un proceso de creencia, imaginación, símbolos, significado, expectativas y auto-relación (Kaptchuk, 2002).

Y el mundo sanitario, ¿qué ha hecho el el intertanto? Nos hemos convertido cada vez más en un servicio más cercano a un McDonalds. Difícil lograr brindar ese efecto placebo tan necesario y que hemos olvidado en el camino.

Referencias

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